3. LA DESINFORMACIÓN

El arte de la guerra se basa en el engaño.

Sun Tzu

Intentó ser un simple bulo mediático pero ha resultado ser un inmenso generador de desinformación en los principales medios de comunicación del país. Lo relevante del falso tour de La Manada es que todo es fácilmente contrastable a través de dos hechos objetivos: el desmentido, siempre presente en la web, y el trabajo previo del colectivo que lo creó. Al comparar estos datos con el tratamiento mediático podemos observar cómo se construyen las noticias, cuáles son sus fuentes, la falta de rigor e imparcialidad, cómo se propagan de unos medios a otros, etc. En definitiva, cómo se construye la desinformación.

El bulo mediático original duró tres días en diciembre de 2018. En los siguientes meses le siguieron otros cuatro momentos de desinformación generalizada, espoleados por el proceso judicial que le siguió:

«En el auge de las noticias falsas, uno de los pilares de la erosión de nuestra sociedad, los medios tienen una responsabilidad inmensamente mayor que antes, pero demuestran no estar a la altura», decía el desmentido del tour, publicado el 6 de diciembre de 2018. «Están atrapados entre su código deontológico y la necesidad de tener clicks para vender publicidad en un mundo en el que la actualidad es totalitaria y el Pueblo se ha hecho con el control en volumen de los canales de comunicación a través de las redes sociales». Estas palabras se hacían más ciertas conforme los medios iban añadiendo capas de desinformación a la acción original, convirtiéndolo en un caso de estudio de la construcción de la realidad a través de la información.

En esta sección analizaremos dos de esos momentos mediáticos como ejemplo de desinformación propagada por medios de comunicación de masas en la era de las fake news. Antes de ello nos gustaría establecer brevemente algunos conceptos teóricos sobre desinformación.

Desinformación en el emisor

Cada parte del proceso comunicativo tiene sus propias tensiones a la hora de transmitir un mensaje de forma veraz. En primer lugar debemos abordar el emisor de información, generalmente grupos de interés que han tratado de dirigir la opinión pública hacia un lado u otro, como políticos, empresas o activistas.

  • Poder político e institucional. Emite constantemente información sesgada, ya sea en estadísticas, comunicados, etc. El poder político es rápidamente contestado por sus opositores en una suma cero, en la que nadie convence a nadie. Por otra parte, las fuentes oficiales emiten información que no suele ser contrastada. Ejemplo: la trama Púnica, que se encargaba de difundir noticias positivas sobre sus clientes y que cobraba hasta 6.000€ por trending topic (Magallón 2019); el Consejo General del Poder Judicial sosteniendo un engaño en su comunicado de prensa.
  • Poder económico. Emite constantemente información sesgada, ya sea comunicando las bondades de sus productos (publicidad) o negando sus aspectos negativos para la sociedad relacionados con ellos (medio ambiente, adicciones, salud, etc.).
  • Medios falsos. Emiten constantemente información inventada. Surgidos al albor de internet, son especialistas en el clickbait y titulares amarillistas. Llaneras y Pérez (citados en Magallón 2019) los definen como pequeños blogs llenos de publicidad, cuyo negocio consiste en «lograr visitas e ingresar con los incautos que clican los anuncios. Son webs descuidadas que no pretenden construir ninguna audiencia. Publican virales de todo tipo: historias esterotipadas, sensacionalistas o buenas noticias. El objetivo es que la mecha prenda en Facebook».
  • Activistas/artistas. Usan los medios de comunicación como soporte. Pueden elaborar falsos comunicados de prensa, performances o web falsas, entre otros, con un objetivo de denuncia satírica. Ejemplo: Joey Skaggs y su “prostíbulo para perros”.
  • Pueblo. Internet le brinda la oportunidad de expresarse libremente, y en su impromptu creativo va generando una realidad donde el logos queda cada vez más relegado al mito, es decir, fábulas que le producen satisfacción.

Podemos establecer una serie de características de cada emisor como sigue:

Desinformación en el medio

Walter Lippmann, el llamado padre del periodismo moderno, escribió que «el público conoce muy poco de los asuntos públicos, por lo que se mantendrá apático y sin apetito hasta que alguien, con la maestría del artista, se los traduce en una pintura emotiva» (Lippmann 1922). Es decir, advierte que las noticias no son un reflejo de la realidad sino una representación subjetiva.

Como el pintor, el periodista subraya ciertos aspectos y pasa por alto otros, y asocia unos arquetipos a unos personajes u otros. Esto por una parte le permite tratar grandes cantidades de información de una manera rápida y rutinaria, pero también rompe tajantemente con la idea de la objetividad periodística. Es lo que llamamos marco de discurso, que a veces se aplica de forma intencionada y otras no. Los marcos de discurso «invocan repetidamente los mismos objetos y características, usando palabras idénticas o sinónimas y símbolos, promoviendo una interpretación de una situación o actor problemáticos y (explícitamente o implícitamente) guiando hacia una respuesta deseada, a menudo acompañada de un juicio moral que conlleva una carga emocional». (Entman, Matthes y Pellicano 2009).

Desinformación en el receptor

Los marcos de discurso están muy relacionados con los marcos de pensamiento del receptor, que definen cómo este interpreta el mensaje. De la combinación entre ambos factores nace el ya conocido sesgo cognitivo, de modo que la audiencia tiende a dar veracidad a las informaciones en las que el marco de discurso coincide con su marco de pensamiento, y a dudar de las que no. Cuando ambos marcos se alinean la desinformación tiene vía libre si el receptor no es cuidadoso. Esta alterará su percepción del mundo, no dirigiéndola como el pintor figurativo de Lippman, sino deformándola como el pintor abstracto más indescifrable.

Tipos de desinformación

En el estudio de referencia sobre la desinformación, Information disorder de Claire Wardle y Hossein Derakhshan (2017) publicado por el Consejo de Europa, se establecen siete tipos de desinformación englobados en tres categorías, que la organización de periodismo ciudadano Groundviews ha ampliado a diez:

Información errónea. Es falsa, pero no tiene la intención de causar daño:

  1. Sátira o parodia: El objetivo no es el engaño, sino la sátira, pero la información tiene el potencial de inducir a error, dado que su formato es similar al de las noticias auténticas.
  2. Conexión falsa: Los titulares o imágenes no representan con exactitud el contenido del artículo.
  3. Error: Los medios de comunicación cometen errores al informar.

Desinformación: Es falsa y tiene la intención de causar daño a una persona, organización o país.

  1. Contenido patrocinado: Publicidad y artículos pagados.
  2. Propaganda: Contenido usado para alterar comportamiento.
  3. Contenido engañoso: Uso equívoco de la información para dotar de un marco de discurso específico a un tema o una persona.
  4. Contexto falso: El contenido genuino se enmarca en un contexto falso.
  5. Contenido impostor: Las fuentes genuinas son suplantadas.
  6. Contenido manipulado: La información o imágenes son manipuladas para engañar.
  7. Contenido inventado: Contenido totalmente falso, creado con el objetivo de dañar o engañar.

Una tercera categoría es la información malintencionada, basada en la realidad y cuya intención es causar daño a una persona, organización o país. Aquí se enmarcarían la difusión de contenido privado, como vídeos o imágenes, o el acoso en redes sociales.

Así, podríamos decir que el falso tour creado por Homo Velamine es una sátira, la desinformación vertida por la jueza y el CGPJ es contenido manipulado, el marco de discurso generado por la abogada acusadora y los medios con los que tiene contacto directo es contenido inventado, y los medios que reproducen la información dada por otros medios caen en el error.

Desinformación en internet

Aun cuando la desinformación ha existido siempre, las redes sociales han contribuido a su magnificación. Dos factores, entre muchos otros, potencian el sesgo cognitivo: por una parte la combinación entre la emocionalidad propia de las redes y las burbujas de filtro; por otra la presentación idéntica del contenido de cualquier sitio web, ya sea un medio de comunicación, una página paródica o un medio falso. Esto hace que los elementos comunicativos (emisor, medio, contexto) queden anulados para el receptor medio, que solo puede juzgar el titular y el amigo o familiar que la comparte. A la vez, como sugiere Marta Peirano (2019), «los mecanismos de supervivencia que surgieron para competir en un entorno mediático que favorece las noticias falsas hizo que los medios se fueran pareciendo cada vez más a las noticias falsas, haciéndose virtualmente indistinguibles unos de otras en la cascada infinita del news feed

Mark Zuckerberg admitió en 2018 que uno de los problemas mayores de las redes sociales es que la gente interactúa más con el contenido sensacionalista y provocativo como el clickbait, la desinformación y la ofensa. El director de Fecebook advierte que “no es un fenómeno nuevo sino que es común en las noticias actuales y ha sido usado en la prensa amarilla durante más de un siglo” y que “a gran escala puede socavar la calidad del debate público y conducir a la polarización.” 1 Zuckerberg, Mark (2018) A Blueprint for Content Governance and Enforcement. En Facebook (15 noviembre) La plataforma ha anunciado en varias ocasiones su propósito de alterar esta tendencia, aún sin éxito, precisamente porque sus beneficios dependen de la interacción de sus usuarios.

Clickbait, desinformación y ofensa: Facebook es consciente que la polarización es la base de su negocio.

Cómo funciona un bulo

Los bulos satíricos reproducen estos esquemas de desinformación con un fin crítico. Según el Manual de guerrilla de la comunicación de Luther Blisset y Sonja Brünzels (2000), el fake

«es un método para evidenciar y criticar los mecanismos que determinan la producción hegemónica de imágenes mediáticas y políticas de la realidad. Este método va mucho más allá de las formas analítico-emancipadoras de información y contrainformación. No ataca la representación concreta de determinados temas, sino que juega con los mecanismos mediante los cuales la política y los medios producen acontecimientos de relevancia social. (…) El fake no quiere ser entendido literalmente, sino que intenta provocar reflexiones sobre el autor y el contenido del mensaje. Su indefinición, sin embargo, conlleva también que sus resultados nunca sean predecibles con toda seguridad. (…) En las sociedades burguesas de hoy, el poder se ejerce y se legitima en gran parte por medio del discurso. Los fakes intentan alterar ese sistema de funcionamiento del poder y dañar su legitimación difundiendo en su nombre informaciones falsas, sutilmente modificadas o simplemente sin sentido. De este modo se quiere violentar la pretendida naturalidad de los procesos discursivos mediante los cuales el poder se constituye y se reproduce. El fake es un medio táctico que no suele ofrecer proyectos o discursos alternativos».

En nuestra época de información rápida, necesidad de clicks y recompensa emocional es más fácil que nunca crear un bulo. Basta crear una historia que indigne y confirme el sesgo cognitivo de la audiencia. Después, para hacerla pasar por auténtica, hay que observar los principios que legitiman una comunicación:

  • Que quien la emite sea una autoridad relevante. 
  • Que el medio sea adecuado para el mensaje.
  • Que sus elementos formales (diseño, ortografía, etc.) sean correctos.

Los dos primeros principios resultan redundantes por el funcionamiento de las redes sociales, como hemos visto, mientras que el último es fácil de reproducir. Por otra parte, según el filósofo inglés Paul Grice el mensaje en sí tiene que respetar unas máximas:

  • De calidad: que no sea falso.
  • De cantidad: que diga la información necesaria.
  • De manera: que sea claro.
  • De relación: que sea relevante.

Romper alguna de estas normas de manera inintencionada puede generar malentendidos, o que la persona receptora perciba el mensaje como falso. Romperlas de manera intencionada genera sátira o desinformación. Si lo que queremos es hacer un bulo bastará con respetar todos los elementos excepto uno: la máxima de calidad.

Es lo que han hecho de forma generalizada los medios que analizamos a continuación.

Notas   [ + ]

1. Zuckerberg, Mark (2018) A Blueprint for Content Governance and Enforcement. En Facebook (15 noviembre)